La discriminación, un mal que también es autodestructivo

Discriminación

Incidencia de la discriminación en las enfermedades mentales


Estamos tomando la discriminación en uno de sus significados: postura de vida tal que se considera que hay seres humanos inferiores por determinadas condiciones de vida, de tal forma que quienes se erigen en superiores se creen con el derecho a ser privilegiados por protecciones, bienestares y distintos beneficios, despreciando y excluyendo (hasta de la vida) a quienes suponen que no merecen ser tus pares.

No estamos hablando, en este caso, de diferencias morales entre las personas, diferencias por las cuales se puede distinguir entre gente mala y gente buena, en términos profesionales entre psicópatas y no psicópatas. Esto es harina de otro costal.
Además estamos tomando el tema para abordarlo solamente en tanto perjudica la salud mental.

Son discriminaciones construidas a lo largo de la historia de la humanidad, por condiciones como:

  • Vitales: género, edad, características físicas, etc.
  • Origen étnico, lugar de nacimiento, idioma.
  • Capacidades/características físicas o mentales.
  • Orientación sexual e identidad de género distinta de la genética.
  • Culturales: idioma, religión, opiniones.
  • Posición económica y/o social.

Para quienes tienen este posicionamiento no les basta excluir por una sola característica, tienen necesidad de mirar desde arriba y pisotear a un importante porcentaje de personas, entonces el rechazo se da por varios atributos, descartando así a varios grupos humanos.
Encontramos, en nuestra experiencia profesional, múltiples problemas psicológicos asociados a familia que representan estas posturas de superioridad. Observamos en estos pacientes una retroalimentación entre:

  • un sentido de vida discriminador, que divide al mundo entre seres superiores y seres inferiores
y
  • rasgos, particularidades y componentes de la personalidad tales como:
    • odio,
    • violencia,
    • aislamiento,
    • ilusiones de omnipotencia,
    • pasar de despreciar a ser despreciado, según sea el grupo o vínculo,
    • terror a convertirse en algunas de esas personas detestables,
    • miedos a exponer sus diferencias con el estilo discriminatorio,
    • verse obligados a rechazar a personas con quienes quieren o necesitan compartir algo,
    • en nombre de la lealtad, someterse a tener relaciones no queridas,
    • extrema vigilancia para no tener nada en común con la gente despreciable,
    • ambivalencias, contradicciones y ambigüedades entre lo que hay que obedecer y lo que un sentido humano distinto que indica,
    • instauración de vínculos competitivos, en donde se lucha por el predominio y la superioridad,
    • especulaciones de toda índole hacia cualquier otro,
    • el odio se vuelve contra la misma persona, con los riesgos que esto significa...

Pueden darse varias de estas características personales y relacionales, cualquiera sea la combinación hay un común denominador: la necesidad de aceptar sumisamente los mandatos impuestos, de lo contrario el riesgo esperable de ser un discriminado/expulsado más, especialmente de los grupos familiares.

En el TOCH

Vamos a ejemplificar con un problema que está tomando dimensiones de epidemia: fuertes y preocupantes episodios de dudas, obsesiones, ideas fijas falsas y compulsiones a la comprobación, todo sobre la posibilidad de ser homosexual cuando en realidad se es heterosexual; son preocupantes porque pone en juego la propia identidad, lindando muchas veces con despersonalizaciones y tomando a menudo el cariz de seudoalucinaciones. En la jerga profesional es el llamado Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), con contenido de orientación sexual también es llamado TOCH.

La discriminación suele ser una de las principales causas para este cuadro.
Principalmente el discriminar por la orientación sexual, es así: características de personalidad + homofobia = comienzo y sostenimiento de los distintos síntomas. Veamos un ejemplo de como funciona, cualquier fenómeno que se presenta por más intrascendente que sea se le da importancia capital y se quiere saber de que se trata, pues nada puede quedar sin control, allí se va directo a buscar varias opciones como para que no se escape ninguna posibilidad, en primera instancia una de ellas tienen que ser lo peor que puede pasar, y justamente esa es la elegida como cierta. Como cualquier TOC comienzan con cualquier nimiedad, en este caso con cualquiera sobre el mismo género, que en condiciones comunes pasan sin que nos detengamos en ello, cuando (junto a otros factores) se agrega el considerar la homosexualidad como un mal tenemos “cartón lleno”; luego el circuito se va realimentando, crece la aversión y el odio, crecen sentimientos como deshonor, vergüenza... las ideas fijas se rigidizan por el pánico a ser “de lo peor”, se afianzan más las dudas y la angustia, todo lo cual lleva a más “comprobaciones”. . .
A través de las evoluciones terapéuticas, sabemos que en tanto las personas estén libres o se liberen del flagelo de la homofobia, la recuperación y reversión de los síntomas es mucho más rápida.

Es común que no se reconozca la homofobia, pues se la niega con disfraces como el tan mentado y gracioso “si yo tengo un amiga/o homo”, no se quiere reconocer -consciente o inconscientemente- las aversiones, rechazo y descalificaciones y se intelectualiza la discriminación con distintos argumentos, veamos ejemplos textuales: “es contra natura” - “se trate de una anomalía” - “todo se origina por sucesos anómalos” - “no se desarrollan como debería ser en términos de lo normal o correcto, ya sea en la teoría biológica como en la psicológica”, “es algo así como un error”. Paradojalmente desde estos criterios la persona no se está considerando humana, se está considerando puro instinto, determinada exclusivamente por lo biológico, bajo estos planteos se puede sostener que tendríamos que desarrollarnos correctamente sólo como la biología indica, es imaginable entonces un mundo en donde comeríamos con las manos, viviendo en cuevas, habría sexo desde pequeños y entre todos... es decir evolutivamente no habríamos pasado a la etapa de Homo sapiens. Con esto queremos indicar que las discriminaciones de las que estamos hablando parten de premisas irracionales, que en sí mismas contienen paradojas, por lo tanto son enfermantes.
 
En tanto avanza el tratamiento y nos adentramos en distintos aspectos de la persona nos encontramos con diversas discriminaciones, comenzamos a escuchar “cabecitas negras”, desprecio o inferiorización hacia el otro género, xenofobias, adjudicación de idiotas a quienes no gozan de grandes dotes de inteligencia y/o cultura...


La discriminación hacia el otro género también contribuye en forma decisiva en el creerse homosexual cuando no se lo es.
La aversión u odio, hacia cualquiera de los dos géneros, tiene sus orígenes sociales en el patriarcado, están instaurados culturalmente desde que las mujeres pasaron a ser objeto de propiedad de los hombres. Situación que ambos géneros propician y mantienen, situación en que ambos géneros son perjudicados profundamente.

Es misoginia cuando la discriminación va dirigida hacia la mujer.
Es apandria o misandria cuando la discriminación va dirigida hacia el hombre, si bien estos términos que aún no han sido aceptados por la Real Academia Española son de usanza común para quienes tratan estos temas.



Se da con bastante frecuencia que la persona sufre de estas discriminaciones sin consciencia de ello, por ejemplo la misoginia suele no ser consciente en estos tiempo en donde la inferiorización de la mujer va superándose socialmente, sin embargo muchos hombres que creen haber evolucionado con la época, en el fondo mantienen una aversión atávica (que le viene de cultura social y familiar) hacia las mujeres; ídem para la apandria, muchas mujeres que ven al hombre como enemigo, que sólo busca sexo y que siempre termina usando y siendo violento, no lo reconocen conscientemente, salen a la luz estas realidades cuando pueden darse cuenta y reflexionar sobre actitudes concretas, por ejemplo ver que hay por detrás de resquemores sexuales, de aliarse más con madre o hermanas que con su pareja, etc.

Se traba la evolución hacia la cura con quienes padecen de estos prejuicios, por ejemplo por que la relación amorosa y afectivo-erótica se ve dañada por estas consideraciones, por lo cual en un momento comienza a primar el alejamiento, dando así mucho más vigor a los síntomas.
En el trabajo terapéutico se ponen de manifiesto estos factores enfermante, el paso que se da cuando caen estas fichas abre la salida al cambio, libera el camino de escollos que impiden el avance; a partir del darse cuenta, que es en el plano teórico o intelectual, se va hacia el cambio de lo que subyace en el plano afectivo, no es simple este proceso, una de las dificultades es no querer dejar el beneficio de sentirse más que otros, lo cual da una superioridad muy “cómoda” y “gratificante”, además es algo vivido como algo propio y conocido desde siempre.

Por otra parte, estos son estigmas marcados a fuego desde la cuna, tienen calidad de dogmas, no pueden ser puestos en duda, todo lo cual hace que poder cambiarlos hacia una posición humana saludablemente equitativa requiera mucha dedicación, voluntad y trabajo. Decimos que es un cambio saludablemente equitativo ya que cuando se padece de tales discriminaciones se termina en luchas, competencias, violencias físicas y/o psicológicas, envidias... con todos, hasta con parejas e hijos, todo lo cual lleva a enfermedades y aniquilamientos propios y de los otros.

Psicología Integradora
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